HOJITA VIAJERA
HOJITA VIAJERA
¡Oye. Ten cuidado!. ¡No me barras! Se
que soy una hoja que voló
de un árbol, muy semejante a
todas las demás
y podrías confundirme con
cualquiera de las
que arrastra el
viento por prados
y pisos, pero soy
distinta. Me llaman Hojita
Viajera.

Al principio era
una hoja normal en un
árbol que crece en
el patio de un colegio de Bogotá.
Allí pasaba las
noches tiritando de
frío pero me alegraba el día cuando los niños llegaban en
las mañanas y jugaban en el patio o podía verlos por la
ventana del salón de clases.
Podía oír sus
voces y a veces
los sentía angustiados
preparando los exámenes, nombrando ríos, montañas y nevados, memorizando nombre de
plantas y clasificaciones de
animales. Hablaban de parques naturales, de la selva y el
mar. Yo los escuchaba pero no entendía, pero me dieron
unas ganas inmensas de conocer
este mundo. Lo comenté con otras
hojas mis hermanas que colgaban
de la misma rama pero me dijeron: “Déjate de soñar.
Estamos aquí para hacer
fotosíntesis y producir oxígeno mientras no nos tapen los
poros el hollín
de los carros
y los tras milenios. Y entonces nos secaremos como todas las demás y
caeremos al césped. El jardinero
del colegio nos recogerá con su rastrillo, nos apilará y
un día nos quemará. Entonces nos convertiremos en humo
y cenizas y
desapareceremos”. Otra hoja sabia
agregó que arderíamos con el oxígeno
del aire y nos
convertiríamos en gas carbónico. Luego parte
de este gas
sería aspirado por otras hojas
que nacerían en la rama luego
de nosotras para volver
a formar oxígeno y nuevas plantas. El resto pasaría
a contaminar la tierra y
retener mas el calor creando el
efecto invernadero.
No me gustó para nada
el final que me
esperaba. Sobre todo desaparecer
sin conocer otras hojas
de muchas formas como
las peludas que
habitan en los páramos
o las extrañas formas de las
que crecen en los humedales, y en
lugar de seguir
haciendo fotosíntesis decidí
contener la respiración
durante varios días antes
de que se me
taparan los poros por el
hollín, envejeciera y muriera
prematuramente.

En esos días llegaron
con morrales unos jóvenes
a hablar con los
profesores de ciencia y los
estudiantes a proponerles
salidas ecológicas-pedagógicas a
conocer la naturaleza.
Los niños y profesores
estuvieron encantados y brincaban
y
gritaban tanto de alegría junto
a mi árbol que
temí quedarme sorda.
Las ramas vibraban con la
algarabía y yo cerré
los ojos y comencé a sentir
que se me angostaba el pecíolo que me sostenía
del tallo. Me asusté
mucho cuando finalmente se
rompió y quedé flotando a merced
de la suave brisa que soplaba en
el parque de recreo, pero luego me tranquilicé cuando
comencé a planear suavemente como las
mariposas que tanto admiraba y finalmente caí (elegantemente, creo) sobre el césped. Allí esperé el fin
de mis días, resecada por
los rayos del sol, mordisqueada en las noches por las lombrices
de tierra y finalmente carcomida por los hongos, ser quemada como mis hermanas. Entonces sentí
que unos dedos femeninos me tomaron delicadamente por
mi pecíolo y me
colocaron sobre la palma
de la mano. Era una
de las talleristas
que había llegad de una
agencia de viajes ecológica llamada “A Viajar
con Ciencia Ambiental”. Ella me
miró. Yo la miré entre
asustada y sorprendida y parece que le
gusté por lo verde que me
conservaba porque dijo: “Que hojita tan
linda, te voy a
llevar con migo en mis viajes y me colocó con cariño en
el bolsillo de su
blusa. Allí conseguí asomarme y observé como organizaban una
salida pedagógica ambiental
al parque de Chicaque. Luego supe
que la joven que me adoptó se llama
Maricel y me mostró a todos
sus compañeros de “A Viajar
Con Ciencia Ambiental”. A Enrique, otro alto, de mirada severa y voz
gruesa, pero en el fondo buena
gente se le ocurrió que
fuera la mascota de la
agencia. Entre todos me buscaron
un nombre y finalmente me
bautizaron como “Hojita Viajera”.
Ahora los acompaño en todas sus salidas
pedagógicas y estoy (Muy fea)
en su logo. Me gustaría ir
contigo y tus compañeros a
muchos lugares muy lindos
que conozco. Escríbeme y
organizaremos con tus
compañeros una salida
pedagógica diferente. Nos vemos pronto. Adiós.

Se me
olvidaba. Con el tiempo, otras hojitas han oído
mi historia, y se han
convertido también en hojitas
viajeras. Si ves en el piso
o flotando una
hoja verde, recógela y guárdala amorosamente
en un bolsillo cerca de tu
corazón. Comunícate con Maricel en la Agencia de Viajes
“A Viajar con Ciencia
Ambiental” y dile que
con tus compañeros de colegio y
profes estás organizando una salida ecológica y
pedagógica. Ella te sugerirá
destinos muy fascinantes y económicos
cerca o te acompañará en
tus excursiones de fin de año.
Trae tu hojita para que nos
reencontremos. No olvides cargar
siempre una hojita viajera cerca
de tu corazón y dedícate a viajar con ciencia
ambiental.